Eclesiastés, Savonarola e Instagram cara a cara
Vanidad de vanidades, todo es vanidad— Eclesiastés 1,2
Nada nuevo hay bajo el sol— Eclesiastés 1,9
Todo tiene su tiempo— Eclesiastés 3,1
El ojo no se sacia de ver ni el oído de oír— Eclesiastés 1,8
Sí… Qohelet ya conocía el algoritmo
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perfumes
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espejos
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vestidos lujosos
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cuadros
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libros
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instrumentos musicales
Ahora… piensa:
- Selfies narcisistas
- Filtros irreales
- Obsesión por likes
- Postureo económico
- Ego inflado por redes
Spoiler: Qohelet ya avisó de esto hace 3000 años.
¿Qué queda cuando se apaga el modo filtro?
Vivimos en la era del brillo infinito:
Likes. Seguidores. Filtros. Trending topics.
Relojes inteligentes para medir tu vida. Fotos para demostrarla. Apps para decir quién eres antes de saberlo tú.
Así como en el Renacimiento Florencia ardió en la Hoguera de las Vanidades, hoy vivimos entre hoguera digital y espejos infinitos.
Pero hay una voz antigua que atraviesa siglos y pantallas.
Una voz que no necesita WiFi.
Vanidad de vanidades… todo es vanidad—Eclesiastés
Tu misión es descubrir si estamos viviendo para ser, o solo para parecer.
Durante siglos, los artistas han dicho:
Mira qué bonito… ahora recuerda que vas a morir
En la Edad Media y el Renacimiento:
Belleza + muerte = estética dramática
En el Barroco:
Los holandeses lo llevaron al máximo nivel. A veces no sabemos si pintaban por convicción o porque era el «trend topic del momento».
Vanitas modernas --> sí, siguen ahí
Félix González-Torres. Amantes Perfectos
Damien Hirst — Por el amor de Dios
Una calavera cubierta con diamantes
Lujo + muerte + brillo + drama = vanitas en modo deluxe.
Como si dijera:
Sí, morirás… pero al menos morirás fabuloso.
Entonces, ¿por qué tanto hablar de vanitas?
Porque, aunque ya no quememos maquillaje (¡menos mal!), los artistas siguen recordándonos que:
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la vida es frágil
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la belleza pasa
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nadie se libra del tiempo
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y que a veces nos creemos mucho… y somos poquito
Pero eso no es triste, es precioso. Nos recuerda que la vida vale porque se acaba.
Así que…
Vive, ama, crea, ríe…porque hasta los diamantes no brillan para siempre.
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